Liderazgo, Líder, Liderados, Liderar…El final de una era

Por Mauricio Ledezma

Durante la segunda mitad del siglo XX se asumió que el líder es una persona con habilidades, competencias y/o capacidades superiores a las de los demás; en tal sentido, se creía que el líder era el encargado de definir el norte estratégico colectivo, identificar las potencialidades de los individuos y facilitar el desarrollo de las mismas en coherencia con el norte estratégico. Se asume que con o sin el concurso del liderado un buen líder es quien hace crecer al liderado. Se dice además que un buen líder es aquel que hace que las cosas sucedan

 

Distintos autores caracterizan la situación actual a partir de la crisis de confianza en los líderes en múltiples ámbitos. En coherencia con lo anterior, las aproximaciones contemporáneas de la academia al fenómeno se concentran en la ética y los valores de los líderes como factores claves en la estructuración de la confianza en las organizaciones, y a partir de aquí se presentan los conceptos del líder ético o el líder auténtico. Sin embargo, en estas propuestas se asume que una postura ética y auténtica en el líder favorece los “haceres” éticos y auténticos en los liderados; y se desconoce así que la crisis de confianza corresponde a las dinámicas propias del sistema cultural y no simplemente al actuar aislado de sus individuos.

En la propuesta contemporánea del Liderazgo adaptativo de Grashow, Heifetz y Linsky, ya hay un reconocimiento de que el entorno es cambiante y que requiere un diagnóstico permanente. Incluso el entorno cambiante es entendido como un sistema y por lo tanto no se reduce el rol del liderado a un sujeto dirigido por el líder. Pero a pesar de esto, se sigue proponiendo que el líder realiza un ejercicio de adaptación en el entorno voluntario y dirigido basado en una lectura de la realidad y del futuro deseable. En tanto hace esto, se auto-comprende como independiente del sistema, con todo el empoderamiento que caracteriza las teorías de liderazgo centradas en los sujetos.

 

Los estudios que se han centrado en el liderazgo como una característica de los sujetos desconocen la condición relacional del fenómeno. Incluso las propuestas del liderazgo situacional, adaptativo o emergente se centran en el sujeto, en la medida en que asumen que éste tiene las habilidades para interpretar mejor las condiciones de sus “liderados” o del entorno, y pretenden por lo tanto fortalecer las habilidades para interpretar/mejorar la situación; es decir, para leer adecuadamente al entorno y adaptarse exitosamente.

Respecto a lo anterior, consideramos que estas posturas se fundamentan en dos supuestos cuestionables. El primero de ellos, que es posible hacer una lectura adecuada y suficiente sobre el otro o sobre el entorno, independientemente del observador y su historia. El segundo, que se puede responder adecuada y exitosamente a los cambios de entorno (adaptarse), asumiendo que la trayectoria de cambio del macro-sistema se puede determinar a priori en un paso a paso que pone la mirada en el futuro.

 

Desde nuestro observar, el liderazgo es un fenómeno relacional, circunscrito a contextos o situaciones específicas; esto quiere decir que no se puede explicar a partir de lo que A o B son, sino desde una comprensión compleja y dinámica (siempre dependiente del observador) de lo que le ocurre a A en relación con B y viceversa. A pesar de múltiples esfuerzos investigativos y teóricos, no se puede encontrar -dentro de las características de los individuos- algo así como un “ser líder” o “ser liderado”. Estos apelativos hacen referencia, no a un rasgo de la personalidad, sino a un tipo de convivencia propia de cierta relación entre personas, que desde cierto observar se distingue como liderazgo.

 

Sin embargo, es común encontrar en nuestro lenguaje cotidiano, situaciones en las cuales como observadores asignamos ciertos atributos que distinguimos del hacer de un líder a comportamientos de animales e insectos; “Aquel orangután es el líder de la manada” o “aquella abeja es la reina”, asumiéndolo como un hecho natural e incuestionable, sin darse cuenta de que aquellos atributos observados tienen un origen cultural de quien observa y no natural del animal observado. La abeja actúa como abeja, quien la corona es el observador desde su cultura.

Por lo tanto ¿Qué distinguimos y qué observamos en la convivencia cuando decimos que alguien lidera?…Parece que hay mucho de nuestra cultura y paradigmas ahí. Particularmente en nuestra fundación pensamos que siempre que hay un espacio relacional basado en la confianza y el respeto mutuo, aparece la colaboración y se desvanece el liderazgo…¿Observamos un liderar en la pareja que comparte el cuidado de sus hijos? ¿Por qué sí distinguimos con mayor facilidad un liderazgo en la familia? ¿Desde dónde añoramos el liderazgo en el ámbito empresarial? ¿Qué diferencias hay entre un dominio relacional y otro?

 

Vivimos en una era en donde caminamos hacia la consciencia de nuestros actos y sus consecuencias, y aquello nos entrega responsabilidad. Una era en donde nos observamos en el presente como seres que actuamos en coherencia con lo que nos ocurre, de manera que se configuran y reconfiguran nuestras expectativas y deseos continuamente, y nos entrega libertad. Una era en que ya no nos entendemos como parte de un mundo, sino que nos sentimos partícipes de un mundo que construimos, y eso nos posibilita un actuar ético. Cuando nos encontramos conviviendo de esta manera, transformamos nuestra existencia y nuestro acoplamiento con el cosmos, surge el respeto, aparecen espacios de confianza y actuamos en autonomía… y al liderazgo le llamamos colaboración!

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